¿Por qué reaccionamos como reaccionamos, y sobre todo con las personas que más amamos? El pastor Gustavo Tejeda empezó la mañana con esa pregunta y pasó el mensaje entero buscando debajo de la superficie, buscando raíces. Nombró dos: los juicios con raíz de amargura y los votos internos. Y fue sincero con la iglesia: "Les confieso que no quería traer esta palabra hoy". El sábado anterior, en casa, el Señor le empezó a hablar acerca de ella, "y tengo que obedecerla".
Abrió en inglés, bromeando con que tiene que mejorar su inglés, y llevó a la iglesia a declarar "Lo mejor está por venir" antes de pasar al español con la interpretación en vivo. "Ya pasaron los gozosos", dijo, "ahora vienen los dolorosos". Y nos recordó la palabra de Salomón: "La vida y la muerte están en el poder de la lengua". Por eso el Señor nos invita a lanzar palabras de bendición sobre la familia, el matrimonio, los hijos y las relaciones interpersonales, "porque de lo contrario estamos sembrando malas cosas para nuestro presente y futuro".
¿Por qué reaccionas así?
"¿Alguna vez te has preguntado por qué reaccionas de la manera en que reaccionas?" Lo preguntó dos veces y nos pidió que nos tomáramos el tiempo. "¿Por qué reacciono como reacciono con quienes más amo?" Y luego otra pregunta: "¿Será posible que alguna de nuestras reacciones de hoy tengan raíces en cosas que sucedieron hace muchos años?" Lo comparó con la ley de la física que se llama la ley de la acción y la reacción. Alguien nos hizo algo, o nosotros dijimos algo, y respondemos de acuerdo a esa acción.
La raíz que nadie ve
El miércoles, en la academia bíblica, su esposa dio una clase sobre el carácter del cristiano y del líder, y llevó un árbol. El pastor Gustavo le preguntó a la iglesia qué vemos cuando miramos un árbol: las hojas, el tronco, la altura, la sombra, el fruto. Lo que no vemos es la raíz.
"Muchas veces queremos cambiar los frutos de nuestra vida sin preguntarnos qué está pasando debajo de la superficie", dijo. "¿Qué está pasando en tu interior?"
Como soporte bíblico leyó Hebreos 12:15, que advierte que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios y que no brote ninguna raíz de amargura que cause problemas y contamine a muchos. El versículo empieza con una advertencia, señaló. "La raíz de amargura brota del ser de cada persona", y da fruto en los demás.
Muchas veces queremos cambiar los frutos de nuestra vida sin preguntarnos qué está pasando debajo de la superficie.
Mírate primero a ti
Entonces nos pidió un ejercicio: olvidarnos por un momento de la esposa, del esposo, de los hijos, y aun de la persona que nos causó dolor, y pensar en nosotros mismos. Usó el ejemplo del avión. En una emergencia, primero te pones tu mascarilla de oxígeno y después ayudas al niño que está a tu lado. Si tú no estás preparado, sencillamente no puedes ayudar a los demás.
Las preguntas fueron directas. ¿Qué palabras estamos diciendo? ¿Qué raíz de amargura está creciendo en nosotros? ¿Qué acciones estoy haciendo con las que daño a otros? Leyó Gálatas 6:7, que dice que todo lo que el hombre siembre, eso también segará, y lo conectó con la serie. ¿Qué tiene que ver una raíz de amargura con ser llamados a conquistar? Antes de hablar de conquistar algo afuera, dijo, tenemos que conquistarnos primero a nosotros mismos. No podemos conquistar si nuestro corazón no ha sido conquistado, ni si hay amargura, enojo o juicio contra otros por algo del presente o del pasado.
Fue sincero sobre el tiempo que toma: una sesión no basta, ni dos, ni tres. Es un trabajo continuo. Aun así, dijo que quien esté dispuesto puede ser libre, en el nombre de Jesús, de toda amargura que está arruinando familias, matrimonios y relaciones.
1. Juicios con raíz de amargura
El primer concepto fue el juicio con raíz de amargura. "Pregúnteme qué es eso, pastor", le pidió a la iglesia, y lo explicó: son "palabras y acciones que hemos hecho sobre otras personas", desde un corazón con amargura y resentimiento. Sucede después de recibir una herida. Reconocemos a la persona que nos hizo daño, pero además dejamos que el dolor y el resentimiento se conviertan en condenarla por lo que pasó. Alguien nos causa un daño y nuestra reacción es "lanzar palabras de condena".
Aquí tuvo cuidado. Esto no es aceptar que lo que nos hicieron estuvo bien, dijo. El problema es cuando esas heridas empiezan a gobernar nuestro corazón y la manera en que vemos y condenamos a los demás. Distinguió entre juzgar una acción y juzgar a una persona.
Mateo 7:1-2 estaba en pantalla como una advertencia para la iglesia: no juzguen, para que no sean juzgados, porque con el juicio con que juzgan serán juzgados y con la medida con que miden les será medido. Luego respondió a la objeción de quien dice que le hicieron una herida tan profunda que no puede perdonar. Claro que no puedes perdonar, dijo, porque ya juzgaste, y ahora estás sembrando a partir de ese juicio. Lo que siembras es lo que vas a cosechar. Lo llamó una ley natural y también una ley sobrenatural.
No estás solo
Efesios 4:31-32 nos enseña a quitar del corazón la amargura y el enojo, dijo. Nadie está libre de ser herido; somos personas y cometemos errores, y una palabra, una mirada o una acción pueden herir. Pero frente a eso tenemos al Espíritu Santo de Dios, que está en ti para ayudarte contra esa amargura y ese resentimiento. No estás solo. Repasó el fruto del Espíritu de Gálatas 5 (amor, gozo, paz, benignidad, mansedumbre, dominio propio) como la ayuda que Dios nos da.
Es la voluntad de Dios que tengamos una buena vida y matrimonios felices, dijo, pero es tu decisión; como iglesia no te podemos obligar. Si no tomamos decisiones, arruinamos nuestra vida y la de otros, y lo peor es que son las personas que más amamos.
Decimos que amamos a nuestros hijos, siguió, y lanzamos palabras muy ofensivas a la esposa, al esposo, a los hijos, como si no pasara nada. Pero ellos están escuchando. El niño crece, pasan los años, y lo que se sembró en su niñez empieza a dar fruto en su matrimonio. Cuidemos nuestras palabras y nuestras acciones, dijo, y también nuestra indiferencia. El silencio ante los problemas y la falta de empatía también causan heridas.
2. Votos internos
El segundo concepto fue el voto interno: una decisión que hacemos en el corazón, muchas veces como respuesta al dolor y con el propósito de protegernos de él. "Lanzamos una palabra, y allí se forma un voto interno". Dio algunos ejemplos de frases así:
- Nunca más voy a confiar en nadie.
- Nunca voy a ser como mi papá.
- Nunca voy a dejar que nadie me vuelva a lastimar.
- No necesito a nadie.
- Nunca más voy a mostrar lo que siento.
Preguntó cuántos habían dicho la primera, y contó que él también la dijo en su vida. Muchas vienen de problemas "desde la niñez", de situaciones en la casa. Cuando estas palabras, nacidas del dolor, se convierten en una regla de vida, empiezan a gobernarnos, muchas veces sin darnos cuenta. Años atrás las dijimos a conciencia y no nos arrepentimos. Pasan los años, empiezan las dificultades, no guardamos el corazón y dejamos que la falta de perdón se aferre a nuestra vida.
Ahí leyó Proverbios 4:23: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida". Lo que dejamos que se establezca en el corazón empieza a influir en la manera en que vivimos, en la casa, en la familia, en las relaciones y hasta en el trabajo. Habló de personas que pierden un trabajo, pasan a otro y nunca tienen estabilidad, porque hay una raíz de amargura.
"Siempre pelean"
Cerró con ejemplos. Alguien herido por un papá que nunca le expresó afecto puede formar un juicio con raíz de amargura: mi papá nunca estuvo para mí, fue frío conmigo, no le importé. Ese juicio contra alguien que ama se convierte en un voto interno: nunca voy a necesitar a nadie, nunca voy a dejar que nadie me haga sentir así otra vez. Años después esa misma forma de protegerse aparece en el matrimonio, como dificultad para expresar afecto, ser vulnerable o confiar.
Luego contó su propia historia, de un taller que hizo con su esposa. Cuando tenía problemas con ella, su actitud era quedarse callado, aislarse y no decir nada, y cree que esa actitud crea más problemas que el problema mismo, porque da la impresión de que tu esposa, tu esposo o tu familia no te importan. La tarea era recordar algo de la niñez que estuviera detrás. Le preguntó al Espíritu Santo, y recordó. De niño, al volver de la iglesia, oía a su mamá y a su papá pelear. No entraba a la casa. Se escapaba, se quedaba callado y calculaba el tiempo hasta que todo estuviera bien para entrar. Se estaba protegiendo, dijo. Pero también estaba haciendo un juicio sobre sus padres, que siempre pelean, y el voto interno que estaba formando era no ir a la casa. Probablemente también dijo que nunca iba a ser como su papá. Años después se casó.
Gloria a Dios que trae revelación, dijo el pastor Gustavo. Dios quiere matrimonios sanos y relaciones sanas, y por eso es necesario renunciar a los juicios que hemos lanzado y a los votos internos que hemos hecho. Si no, cuando tu esposo o tu esposa te quiere ayudar, la reacción puede ser pedirle que no se meta en tu vida, y sin darte cuenta estás arruinando tu vida y la de los demás.
Ir a la raíz
Hoy el Señor nos quiere dar libertad, dijo, y les pidió a todos ponerse de pie. Su oración fue que el Espíritu de Dios tome nuestras raíces, para que dejemos de mirar las hojas y las ramas y vayamos a la raíz. Puedes ir a un seminario y que te parezca hermoso, dijo, pero si no tratas con la raíz, lo único que estás viendo son las hojas.
Guió a la iglesia en una oración: "Padre celestial, hoy traigo ante ti mi pecado por haber juzgado a los demás. Hoy quiero renunciar a todo hábito de haber juzgado a otros, en el nombre de Jesús. Me arrepiento de esos hábitos, de esas acciones de juzgar". Contra eso puso el fruto del Espíritu. Invitó a quien el Señor le hubiera traído un recuerdo a pedirle perdón, a traer ante Dios el voto interno que nació de una herida, y a soltar todo resentimiento y toda raíz de amargura que impide un matrimonio sano. Terminó con el versículo de la serie: soy más que vencedor, y hoy me declaro libre de todo voto interno y de todo juicio que he dicho.
Preguntas para esta semana
Para tu tiempo con Dios, tu familia o tu grupo.
- Piensa en la última vez que reaccionaste de una manera que lamentaste. ¿Qué podría haber debajo?
- ¿Hay algún juicio que hayas lanzado sobre alguien que amas?
- ¿Has hecho un voto interno, como decidir que nunca más vas a confiar en nadie, o que no necesitas a nadie?
- ¿Qué palabras escuchan de ti tus hijos, o las personas más cercanas, en la casa?
Preguntas frecuentes
¿Qué es un juicio con raíz de amargura?
El pastor Gustavo lo describió como "palabras y acciones que hemos hecho sobre otras personas" desde un corazón con amargura y resentimiento, casi siempre después de una herida. El dolor se convierte en condenar a quien lo causó. La imagen de la raíz de amargura viene de Hebreos 12:15.
¿Qué es un voto interno?
Una decisión que hacemos en el corazón, muchas veces como respuesta al dolor y para protegernos de él, como decidir que nunca más vas a confiar en nadie, o que nunca vas a ser como tu papá. Con el tiempo, dijo, esas palabras se vuelven una regla de vida y empiezan a gobernarnos.
¿Qué tiene que ver esto con la serie Called to Conquer?
Su punto fue que primero tenemos que conquistarnos a nosotros mismos. No podemos conquistar si nuestro corazón no ha sido conquistado, y la amargura, el enojo y el juzgar a otros no nos dejan avanzar.
¿Qué pasajes de la Biblia usa este mensaje?
Proverbios 18:21 (la vida y la muerte están en el poder de la lengua), Hebreos 12:15, Gálatas 6:7, Mateo 7:1-2, Efesios 4:31-32, el fruto del Espíritu en Gálatas 5 y Proverbios 4:23, dentro de la serie Called to Conquer, que lleva Romanos 8:37 en su presentación.
¿Se predicó en español o en inglés?
En los dos. El pastor Gustavo abrió en inglés y luego predicó en español con interpretación al inglés en vivo, como cada celebración de domingo en Living Waters.
¿Dónde lo puedo ver?
El servicio completo, con la alabanza, está en el canal de YouTube de Living Waters, y el mensaje también se publicará ahí por separado. La celebración es los domingos a las 11 AM en 251 Stillwater Rd, Smithfield, Rhode Island, y estás invitado a venir en persona.
